GEOGRAFÍA DE LA VERDAD. Tras el muro de lo "cool"

Publicado el 4 de marzo de 2026, 20:17

"El silencio es el lenguaje de lo sagrado, todo lo demás es una pobre traducción" (Rumi)

"No busques las huellas de los antiguos; busca lo que ellos buscaron" (Matsuo Basho)

"No se trata de pensar mucho, sino de amar mucho" (Santa Teresa)

Estas palabras pertenecen a un poeta sufí del siglo XIII, a un maestro zen japonés y a una monja de Ávila.

Cuando nos asomamos al abismo de la mística, el "envoltorio" —la religión, el dogma, la época— empieza a transparentarse hasta dejar ver una única luz.

Hoy es "cool" irse de retiro, practicar la atención plena o buscar la iluminación en tradiciones que nos suenan a incienso exótico y libertad. Nos fascinan un canto chamánico, unos cuencos tibetanos, una técnica de respiración consciente. Y está muy bien.

Si esa misma búsqueda se hace desde la fe católica, el muro del prejuicio se levanta con una fuerza implacable. Hoy vemos el claustro como una reliquia, una locura o, peor aún, un refugio de hipocresía y delito, tal es la mancha que nos ha dejado la historia. 

Hoy, al ver la película Los domingos me he preguntado:  ¿Estamos premiando estas historias en el cine porque validamos la libertad de elegir una espiritualidad "pasada de moda", o simplemente porque nos gusta observar la clausura como quien mira una especie en extinción en un museo?

Tal vez la respuesta no esté en la pantalla sino en lo que sentimos nosotros al verla.

Hace unos años, tras dos días de trabajo con un grupo numeroso, tuve la oportunidad de compartir un momento con las hermanas de clausura en el convento anexo. Lo que ocurrió allí no tiene nada que ver con la religión, y sí todo que ver con lo sagrado.

La energía que se respiraba en ese lugar era tan fuerte, tan pura a la vez, que para mí, fue inasumible, inabarcable. Mientras otros charlaban con ellas, yo no pude decir ni una palabra. Solo pude llorar. Era una vibración tan fuerte que no estaba preparada para presenciarla. 

Todo esto me conecta con la esencia de la búsqueda.

Si la Verdad es real, debería ser igual de potente en una montaña del Himalaya que tras una reja de clausura. Lo que yo sentí en aquel convento —ese llanto que me dejó sin voz—era el impacto de presenciar algo absoluto. Y desde luego, no estaba fuera de mí.

Rescatar la belleza entre los escombros

Es hora de rescatar la belleza, de encontrar un camino propio, sorteando los escombros de las instituciones y de los flashes de las modas.  No podemos permitir que los errores de los hombres nos roben la posibilidad de lo sagrado. Si somos capaces de respetar a quien busca la verdad en una montaña remota, deberíamos ser capaces de reconocer la misma valentía en quien la busca en el silencio de un coro.

Quizás la verdadera libertad está en poder seguir la última tendencia de bienestar espiritual, y también en tener la audacia de mirar hacia nuestras raíces sin miedo al juicio, sean cuales sean. La espiritualidad es una necesidad biológica del alma...y de la misma forma, es libertad respetar a quien no lo vive así.

No sé si la película pretende validar una "locura" o exponer una "reliquia". Lo que sí sé es que, cuando nos despojamos de los prejuicios y de la contaminación histórica, lo que queda es una búsqueda universal. Y en esa búsqueda, todas las tradiciones  terminan hablando el mismo idioma: el del silencio que estalla en el pecho y nos recuerda que, a pesar de todo, seguimos buscando la Verdad. Esté donde esté.

La gran trampa de nuestra era es que estamos juzgando el agua por el estado del pozo.

La Verdad está ahí, esperando a que dejemos de "pensar mucho" para empezar a sentir esa energía que, aunque a veces resulte inabarcable, es lo único que nos devuelve a casa.

Cada semana medito con un grupo de religiosas católicas, con otro grupo de no creyentes y con otro grupo de tradición sufi.

Todos buscadores de la Verdad por medio del lenguaje común del silencio, el lenguaje de lo Sagrado, que nos devuelve al centro de nuestro SER, fuente infinita de paz, amor y luz....más allá de envoltorios y modas.

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