Hoy me he levantado con este pensamiento, que comparto:
En el mundo de las terapias energéticas, hablamos de la intención, como la forma de dirigir nuestra energía hacia un objetivo. Esta intención ha de coincidir con la capacidad de confiar, o fluir del consultante.
Pero llevemos esto a la vida cotidiana: Intención, reto, objetivo por un lado y por otro, dejarse llevar, confiar fluir.
Es decir: ser el arquitecto de nuestra vida (nuestros retos y objetivos) o ser el río (que se deja llevar, que fluye, que confía).
¿Qué ocurre cuando nuestro "objetivo" parece alejarse a pesar de nuestro esfuerzo?
"Todo es Mente; el Universo es mental".
La intención es el acto de "marcar" el campo cuántico. Sin intención, la energía no tiene dirección. En terapia, la intención conduce la información hacia la sanación; en la vida, el objetivo nos saca de la inercia. Sin embargo, la ley nos dice que la mente es la que crea, pero no especifica que deba crear exactamente lo que el ego desea.
Durante años, en mi vida como consultora empresarial, nos han enseñado que era imprescindible tener un objetivo en mente y no alejarse de él, no despistarse, para conseguirlo.
El Objetivo vs. La Evolución
Tendemos a pensar que si no logramos el objetivo "X", hemos fallado. Pero la Ley de Causa y Efecto sugiere que cada intención (causa) genera un movimiento (efecto). El Universo puede "desviarte" de tu objetivo inicial porque ese objetivo era solo un cebo para ponerte en marcha. El desvío no es un error de cálculo; es el efecto real que tu alma necesita para su aprendizaje, aunque tu mente lineal no lo comprenda aún. Así que parece que podemos ponernos un objetivo, y al mismo tiempo, estar abiertos a que en el camino ocurran cosas diferentes a las esperadas.
El Arte de Fluir
Aquí entra la Confianza. El ritmo es el flujo y reflujo de la marea.
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La Intención es el remo que marca la dirección.
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El Fluir es la corriente del río.
Si solo remas (voluntad ciega), te agotas contra la corriente. Si solo fluyes (abandono), acabas estancado en un remanso. Confiar significa entender que el ritmo del Universo tiene tiempos que la glándula pineal percibe, pero que la lógica ignora. Fluir es aceptar que, a veces, para llegar al mar, el río debe dar un rodeo que parece alejarnos del destino.
Voluntad y Entrega
La sanación y el éxito son procesos polares. Necesitas la Voluntad (polo positivo/activo) para iniciar el proceso, y la Entrega/Confianza (polo negativo/receptivo).
La sanación y el éxito, ocurren en el "punto cero", en el equilibrio entre "yo quiero esto" y "confío en lo que suceda". Y yo me planteo, ¡vaya, esta debe ser la maestría de la vida!.
¿Me desvío del objetivo o cambio de camino?
Cuando la vida nos lleva por otro lado, no es necesariamente una desviación. Según la Ley de Correspondencia ("Como es arriba, es abajo"), el orden superior de tu alma siempre busca la economía de aprendizaje.
Quizás el objetivo que te marcaste era una proyección de una carencia, y el "desvío" es la ruta directa hacia la abundancia real. El terapeuta no cura; el terapeuta sostiene la frecuencia para que la sanación sea posible. Del mismo modo, nosotros no "logramos" objetivos; nosotros nos sintonizamos con realidades.
Marcarse un reto es el acto de encender el motor (Intención). Confiar es quitar el freno de mano y dejar que el GPS de la existencia —que tiene una visión de satélite que nosotros no tenemos desde el suelo— nos guíe.
Si el camino cambia, no es que hayas perdido el norte; es que tu "Norte" se ha actualizado para llevarte a un lugar mejor que el que fuiste capaz de imaginar.
1.- El riesgo de SÓLO INTENCIÓN, es volvernos inflexibles y permanecer en un objetivo que no nos hace bien (recuerdo a una persona que se empeñaba en vivir lejos de su familia, en otro país, por tener éxito profesional y se enfermaba, y también enfermaba su familia, y aún así, insistía en que no podía fracasar en su trabajo).
El empeño ciego o la voluntad férrea sin capacidad de fluir es el otro extremo del péndulo. Si "solo fluir" nos convierte en una hoja a la deriva, el "empeño obsesivo" nos convierte en una viga rígida: somos fuertes, pero si la presión es suficiente, nos quebramos.
Ir "a por todas" basándose únicamente en la voluntad personal consume tus reservas de energía vital.
Esto lleva al agotamiento físico, mental y a la frustración crónica.
El empeño obsesivo, al fijar la mirada en un solo punto, te impide percibir las señales periféricas.
Quizás la vida te está ofreciendo una vía mucho más rápida, fácil y alineada con tu alma, pero como no encaja con tu "plan original", no la ves. Te empeñas en subir una montaña por la cara norte porque así lo decidiste, ignorando que hay un telesilla en la cara sur.
Según la Ley de Polaridad, cuanto más fuerte empujas hacia un lado sin equilibrio, más fuerte se genera una fuerza opositora.
El "exceso de importancia" crea una resistencia en el campo cuántico. Es como intentar sostener una pelota de playa bajo el agua: cuanto más fuerza haces para hundirla (forzar el objetivo), con más violencia saltará hacia afuera en el momento en que te descuides.
Esto genera un ego hipertrofiado y una carga de responsabilidad insoportable. Tu vibración se vuelve "dura" y "tensa". La sanación y el éxito requieren una vibración de expansión, no de contracción. Si por dentro estás en lucha y esfuerzo, tu realidad externa reflejará obstáculos y "lucha" constante para conseguir lo mínimo.
Puede ocurrir:
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Conseguir un "éxito vacío": Puedes llegar a la meta, pero al llegar te das cuenta de que el precio ha sido tu salud, tus relaciones o tu paz mental. Es un éxito que no se puede disfrutar.
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Error de Destino: Empeñarte en un objetivo que ya no te corresponde. A veces, el alma cambia de dirección y el ego sigue insistiendo en un deseo de hace cinco años.
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Falta de Magia: En el empeño no hay espacio para el milagro, para la sincronicidad o para lo inesperado. Todo es predecible y agotador.
2.- El riesgo de SÓLO FLUIR, abandonarnos sin intención ninguna.
El riesgo de "solo fluir" sin una intención clara es caer en la deriva existencial. Aunque el concepto de "fluir" (flow) es muy positivo cuando hay una dirección, el abandono absoluto sin voluntad nos expone a varios peligros críticos en la vida cotidiana y en la búsqueda del éxito:
Convertirse en "Efecto" y no en "Causa": Según la Ley de Causa y Efecto, si tú no emites una causa (una intención/voluntad), te conviertes automáticamente en el efecto de las causas de los demás. Acabas viviendo la agenda de tu jefe, los deseos de tu pareja o las expectativas de la sociedad. Sin intención, eres como una hoja seca: el viento decide por ti. El éxito requiere ser el arquitecto, no solo el material de construcción.
La Falta de "Enraizamiento": El abandono total te desconecta de la realidad material. Puedes sentirte muy "relajado", pero tu vida física (finanzas, salud, proyectos) empieza a degradarse. Sin el "fuego" de la voluntad, la materia no se transforma.
El agua fluye, pero si el agua no tiene una pendiente (un objetivo) hacia donde dirigirse, acaba acumulándose en un charco y se pudre.
La falta de intención genera apatía. El cerebro humano y el alma necesitan el estímulo del crecimiento para segregar dopamina y sentir satisfacción. El "éxito" no llega a quien solo flota, sino a quien usa la corriente para llegar a un puerto.
Tu mente está "en blanco", por lo que absorbe pensamientos y miedos del inconsciente colectivo.
Para crear algo nuevo (éxito), se necesitan los dos polos: Intención) y Fluir). Solo fluir es renunciar a la mitad de tu poder creativo.
¿Cómo identificar si te estás "abandonando" en lugar de "fluyendo"?
Es una línea fina, pero hay señales claras:
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Fluir con Intención: Sientes paz, pero estás atento a las oportunidades. Si el plan A falla, buscas el plan B con curiosidad.
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Abandono (Riesgo): Sientes resignación. Usas frases como "da igual", "lo que sea" o "ya se verá", pero desde un lugar de pereza o miedo a fallar, no desde la confianza.
El éxito es un vuelo, y para volar necesitas dos alas: la Intención (el ala que bate y da impulso) y la Confianza/Fluir (el ala que se apoya en el aire y planea). Si solo usas la intención, te agotas; si solo intentas planear sin haber ganado altura primero, caes al suelo.
La intención pone el "Qué" y el "Para qué", y el fluir permite que el Universo decida el "Cómo" y el "Cuándo".
El punto de equilibrio: la intención relajada
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Lanzas la flecha (Pones la intención y la voluntad).
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Sueltas el arco (Confías en la física del aire y la dirección).
Si te quedas agarrado a la flecha mientras vuela, te estrellarás con ella. Si nunca lanzas la flecha, nunca llegarás a la diana.
Es lo que los orientales llaman Wu Wei (hacer sin esfuerzo).
Para el terapeuta y para el buscador, el éxito no es una línea recta, sino una espiral ascendente. El secreto para no caer ni en la deriva del "solo fluir" ni en el agotamiento del "solo empujar" reside en:
1. La Intención Clara, pero no Rígida
2. La Escucha Activa (La Glándula Pineal en acción)
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El síntoma de que estás forzando: Sientes tensión en las mandíbulas, ansiedad y la sensación de que el mundo "te debe" algo por tu esfuerzo.
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El síntoma de que te estás abandonando: Sientes pesadez, falta de propósito y una desconexión con el plano físico.
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El síntoma del equilibrio: Sientes un "entusiasmo tranquilo". Hay acción, hay movimiento, pero no hay angustia.
En la vida cotidiana, el éxito es marcar el destino en el GPS y luego disfrutar del paisaje. Si el GPS recalcula la ruta, confía: quizá hay un puente cortado más adelante que tú no podías ver. La voluntad te pone en el camino, pero la confianza es la que te permite llegar a la meta con el corazón intacto.
"La maestría consiste en saber cuándo tensar el arco y cuándo soltar la flecha, confiando en que el aire y la diana también forman parte de ti."
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