Formo parte de un grupo de alumnos de Terapias energéticas. El otro día, comentaban algunos que en el fondo estas escuelas "son sólo un negocio millonario", y que no era necesario seguir formándonos, que ya tenemos lo que necesitamos para desarrollar por nosotros mismos cómo seguir ampliando y mejorando la terapia.
Hay una parte de verdad. Hay maestros de terapias energéticas que han conseguido cientos de miles de seguidores y por lo tanto, unos ingresos millonarios. Y esto es un éxito. Y yo les estoy agradecida, porque yo aprendí LNT y Tameana, y Radiestesia, y Psicogenealogía en escuelas así.
Quizás donde entre la desconfianza es cuando desde alguna de estas escuelas, nos aseguran que no podemos evolucionar la técnica siguiendo nuestra propia canalización, o que nosotros no podremos nunca activar la conexión a la Fuente (sólo ellos), o que de tanto en tanto debemos actualizarnos con formación nivel II, nivel III ....
En el fondo, es verdad que es un negocio. Pero también es una forma de difusión a gran escala de terapias que funcionan.
Tal y como yo lo veo, es uno mismo quien ha de poner límites de hasta dónde entro en dependencia de estas escuelas y quedo enganchada a hacer todas sus formaciones, en un deseo compulsivo de "saberlo todo", de no "perder la conexión" con las capacidades desarrolladas o de seguir ciegamente al "guru".
Yo soy muy crítica. Aprendo desde el cuestionamiento y la práctica. Me formo, separo lo que me cuadra de lo que no, lo pruebo, y si funciona, lo utilizo. Pero esto no me lleva a idolatrar a quien me lo ha enseñado ni a seguirle ciegamente en todo lo que haga....pero cada cuál es dueño de su vida y sus decisiones. Quien no quiera formarse porque no quiere "hacerles el negocio", está bien. Y quien quiera seguirles, está bien. Todos tenemos nuestro camino, y yo no seré quien critique el camino de otros...pero sí me hago cargo de a quién y cuándo quiero seguir.
Es por ello, que cuando estos compañeros de whatsapp critican a las escuelas, yo además veo, que siendo un negocio, es también la forma de vida de sus fundadores y un equipo importante de personas en sus equipos. También veo que se genera a veces un seguimiento ciego, sin cuestionamiento, donde incluso nos encontramos con gente que se endeuda por poder acceder a una formación, como si no hacerla ahora mismo, fuera a traer una maldición de quedar definitivamente "out".
Las escuelas ofrecen, y los demás somos responsables de distinguir, elegir, reconocer el momento adecuado y también cuándo parar.
Cuando la gente critica a ciertos maestros o escuelas de terapias alternativas (y yo soy muy crítica porque necesito comprobar por mí misma), yo recuerdo las palabras de Serge Kahili King: "¿Cuál es la mejor terapia? La que funciona. Ese es mi criterio. Si algo funciona, lo utilizo (no necesito para ello depender de quien me lo enseñó y ligarme de por vida a esa escuela), simplemente, estoy agradecida por haberlo compartido y haber podido aprender.
Y si algo no funciona o no "me " funciona, lo dejo, o me planteo qué se interpone entre mí y esa terapia: ¿mi ego, rivalidad, falta de confianza en mí como terapeuta, falta de efectividad, rigurosidad...?
Si funciona, es valioso. Y si, de paso, da la posibilidad de trabajar en esto a grandes equipos, pues bienvenido sea.
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